Obesidad III - Comenzando por la cabeza

Adelgazar o engordar, además de los factores que ya hemos visto, pueden existir también los síquicos. Sabemos que nuestro cuerpo produce varias substancias con funciones específicas. Entre las que están relacionadas a la obesidad se estudia la dopamina, neurotransmisora de las sensaciones de recompensa y de placer, tales como comer, sexo, amor, reproducción y etc. En tesis, las personas con receptores normales de dopamina no engordan con facilidad manteniendo sus centros de control del placer en equilibrio. Por el contrario, las que poseen poca recepción de dopamina descargan en la comida, por decirlo así, su sensación inmediata de placer. Substancias como el alcohol, cocaína y nicotina, estimulan la dopamina, razones suficientes para llevar también al vicio. 

Sin embargo, este campo de pesquisa todavía no es conclusivo y no se sabe si es la falta de receptores lo que causa la obesidad o si es la obesidad la responsable por la reducción de receptores. Quién apareció primero, el huevo o la gallina? Teóricamente el exceso de comida induciría al cerebro a producir mucha dopamina, lo que acabaría agotando su capacidad de producirla, tal como sucede con la diabetes tipo I por falencia del páncreas al no producir insulina.

La mayoría de las veces, los moderadores del apetito actúan sobre los neurotransmisores, la dopamina y/o serotonina, como por ejemplo, los anorexígenos o, en menor escala, los estimulantes de la saciedad.

Otro factor que debe ser tomado en cuenta es el emocional. Investigaciones confiables realizadas por la Unicamp, (Universidad Estadual de Campinas - São Paulo - Brasil) revelan que 75,5% de los pacientes con obesidad mórbida (más de 40 en el IMC), comen compulsivamente como consecuencia de ansiedad y depresión, presentando altas tasas de trastornos de humor, como se estuviesen en la TPM indefinidamente. En la madrugada, atacan la refrigeradora. Por eso es necesario dar tratamientos diferenciados al que come compulsivamente y al que no come de esta forma. Es decir, primero se trata la cabeza y después al cuerpo. 

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En la Infancia - Cuando se habla en atacar los problemas de frente, sería cortar el mal por la raíz. En el caso de la obesidad, buena parte comienza en la infancia con el deseo de los padres de ver a su bebé gordito... Ay que gracioso, no? Lleno de gorditos... Dan unas ganas de apretarlo...

Si a pesar de esto, el niño todavía estuviera dentro de los límites de peso considerados normales por los patrones de la OMS (Organización Mundial de Salud), al comenzar a gatear y caminar, deberá comenzar a adelgazar naturalmente.

La Renta - En los años 70 los primeros estudios apuntaban a las familias con renta familiar mayor, las cuales presentaban mayor incidencia de obesidad infantil, en función de mayores comodidades, impidiendo al niño gastar más calorías. Hoy en día esta situación no es vista más de esta forma, la violencia urbana ha aprisionado al ciudadano común no dejando a los niños jugar en los parques públicos, andar en bicicleta, limitándolas cada vez más a sus cuartos como prisioneros. Pesquisas confiables reportan que 26% de los niños americanos entre los 8 y 16 años, pasan 4 horas o más viendo TV o jugando videogames. Datos no muy diferentes de los brasileros.

La Hiperplasia - Como ya mencionamos en otras ocasiones, cortar el mal por la raíz también significa evitar la hiperplasia de las células grasas, fenómeno que acontece en tres fases bien distintas de la vida: en el último trimestre de la gestación, en el primer año de vida y en la adolescencia. La cantidad de células grasas que el bebé va a tener, lo cual está determinado en el código genético, pueden ser duplicadas si no se toman precauciones simples, tales como la mamá engordar solamente lo suficiente durante la gestación, no anticipar la alimentación sólida en el primer año y en la adolescencia controlar la gula y la ansiedad. Los "Fast Food's" que pululan por ahí, son los mayores aliados para la hiperplasia de las células grasas. Una vez que se da la duplicación de dichas células nunca más vuelven a la normalidad. Como máximo, lo regímenes para adelgazar van a deshincharlas apenas. 

La Distribución - Evidentemente, la obesidad no tiene las mismas características en todo el mundo, refiriéndose a la distribución por el cuerpo. Unos son más gorditos en la parte superior y otros en la parte inferior, con apariencia de formas de manzana o de pera. Respectivamente obesidad Androide o visceral, concentrada en el abdomen entre las vísceras y la Ginóide, concentrada de la cintura para abajo. La primera es una característica masculina y la segunda femenina, pero esto no es necesariamente una regla. 

Por consenso médico, la concentración de gordura en la región del abdomen puede representar un riesgo para el desarrollo de enfermedades cardíacas, diabetes y colesterol elevado. Para confirmar esto, basta medir con una cinta métrica la circunferencia de la cintura pasando por el ombligo y después medir el diámetro de la cadera pasando por la mitad de los glúteos. Divida el valor de la cintura para el de la cadera. Si el resultado fuera mayor que 0,89 para hombres con edad de 20 años y 0,99 para mayores de 60 años, el riesgo es alto. Para las mujeres estos valores son: arriba de 0,78 para 20 años y más de 0,84 para mayores de 60. 

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Créditos:
Traducción copyright © Natalia Roggiero Barbieri 
Texto copyright © Luiz Carlos de Moraes - Profesional de Educación Física
Registro CREF1- RJ 003529 - lcmoraes@petrobras.com.br  lcmoraes@compuland.com.br  
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  Serie sobre obesidad:
Obesidad I - La Culpa
Obesidad II - Del preconcepto a los interrogantes
Obesidad III - Comenzando por la cabeza
Obesidad IV - Las dietas
Obesidad V - Las fuerzas contrarias
Obesidad VI - Adelgazamiento matemático
Obesidad VII - Adelgazando con musculación
Obesidad VIII - Resultado Concreto
Obesidad IX - Subiendo las Escaleras
Obesidad X - La Meta
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