Los niños y el entrenamiento de fuerza

Hasta hoy, en función de un reportaje en un canal de televisión mostrando un niño muy fuerte para su edad levantando pesos superiores al del proprio cuerpo, me piden para comentar sobre este asunto. Entonces ahí está.

Por el orden natural de las cosas, el ser humano gatea, enseguida empieza a levantarse, a andar, a correr y después a coordinar los más increíbles movimientos. Por supuesto las actividades motoras más variadas que desarrollan la coordinación motora son las más importantes en la fase de descubrimiento del cuerpo. Los niños entre lo cinco y seis años atingen el 90% y muchas veces el 95% de la capacidad del cerebro adulto mientras el crecimiento general del cuerpo no ha atingido ni la mitad.

Generalmente las personas conocen este descubrimiento y lo llaman de brotes del crecimiento. En los dos primeros años, la estatura de los niños se duplica lo que no más sucede a partir de los seis años, pues ellos crecen gradualmente hasta los siete años cuando sucede lo que Sempé P. Paris (1971) llama de brotes de los siete años. Finalmente es en la pubertad que el ser humano define su estatura, último y definitivo impulso. La actividad física no competitiva aplicada en la dosis cierta durante la niñez, puede estimular la liberación hormonal y consecuentemente el crecimiento.

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Uno de los factores más importantes es dejar que los niños elijan la modalidad deportiva que prefieran. Por lo tanto, es necesario ofrecerles variedades.

El entrenamiento de fuerza debe ser, según los especialistas, lúdico, mejor dicho, hacer con que los niños entrenen jugando.
El juguete de esconderse, por ejemplo, sin que ellos perciban es lleno de intervalos de descanso pues cuando están fatigadas, paran y lo determinan naturalmente.

Niños, según Weineck (1986), tiene poca concentración de lactato, factor limitativo de los entrenamientos anaerobios sistemáticos. La producción de hormona testosterona, relacionada a la fuerza muscular, sólo empieza a ser significativa en la adolescencia, motivo teórico para que se desaconseje la práctica de ejercicios de fuerza en la primera o segunda niñez.

Los niños tienen débito sanguíneo y concentración de hemoglobina menores. Hollman (1978) cita dos niveles de lactato durante las diversas edades. En los tres años, 1,8 moles, en los cinco, 2,0 moles, en los siete años, 7,0 moles hasta alcanzar los 16 y 18 moles alrededor de los veiticinco años de edad.

Los niños bajos poseen poca capacidad de percepción al calor, a la hidratación, etc. y por ello, ya son buenas la razones para no someterlos a los esfuerzos exagerados. Ellos no son una miniatura de adulto y así el entrenamiento de ellos no es basado en esa relación y sí en lo buen criterio profesional.

La elaboración de programas de entrenamiento para niños, cuando absolutamente necesario, debe desarrollar el equilibrio muscular, base de movimiento completo, y no provocar molestia o dolor. La aplicación y técnica de los movimientos debe ser la más correcta posible y la selección de la actividad partir de los niños y no de otros.

En la adolescencia, los mejores métodos en el desarrollo de la fuerza son el alternado por segmento y el duplo reclutamiento. 

Mientras continue la fase de crecimiento se debe evitar las sobrecargas longitudinales que es el crecimiento óseo pero también es importante que todo siga el orden del conocimiento.

Algunos especialistas alegan y de cierta forma se apresuran en condenar dichas actividades de impacto, que los cartílagos y las cabezas de los huesos (epífisis) son las partes más vulnerables del esqueleto y por ello pueden sufrir lesiones ocasionando una interrupción del crecimiento. Sin embargo, no hay registros médicos o científicos suficientes para afirmarse eso.

Otras actividades, quizá con más impacto, tales como el fútbol, el balonvoloea, el baloncesto y los movimientos que envuelven saltos, los niños practiquen sin problema niguno.

Las proporciones corporales, el brazo de palanca y la fuerza relativa de un cuerpo en desarrollo no pueden ser comparados al del adulto. Por supuesto, hay que tener mucho cuidado cuando se afirma que determinadas modalidades deportivas no son compatibles con los niños o con sus respectivas edades.

En el caso presentado el la tele, es claro de que se trata de uno de esos puntos fuera de la curva y no puede servir de referencia.

Si por un lado el entrenamiento de fuerza antes del tiempo o inadecuado a la maturación ósea puede traer desagradables sorpresas, por ejemplo,uma persona con todas las imformaciones genéticas faborables al culto del cuerpo si ella no empiece temprano...

En general el orden es: conocimiento, experiencia y un buen criterio.

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Créditos:
Traducción copyright © Gisele de Oliveira
Texto copyright © Luiz Carlos de Moraes - Profesional de Educación Física
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